El periodismo actual está en plena revolución. La alternativa del ciberperiodismo y la competencia de los medios audiovisuales invitan al olvido de la prensa escrita. Aunque parece imposible la desaparición de los diarios, los contenidos de los formatos impresos imitan a estas nuevas formas de informar. Y estas formas no siempre están ligadas a la función social de los medios.
El problema, sea cual sea el formato, es el alto coste de la información de calidad. La industria de la Comunicación, encargada de financiar al periodismo actual, busca asegurar los niveles de difusión y audiencia exigidos por la publicidad. Y la audiencia lo que busca es entretenimiento y espectáculo. El periodismo se mezcla con el
sensacionalismo. Esto no es nuevo, ya que a principios del siglo XX,
William Randolph Hearst (
Ciudadano Kane en el mundo cinematográfico) popularizó el amarillismo más morboso. Pero que no sea novedoso no significa que el sensacionalismo actual no sea considerado como "una vergüenza pública", parafraseando a
Edward Godkin.
La decantación de los medios por el entretenimiento ante la formación y la información puede arrastrar al periodismo a unos formatos y unos lenguajes inapropiados. La televisión, imitada por los periódicos, es la fuente de este periodismo impropio y sin calidad informativa.
Otro problema es la devaluación de la figura del periodista.
Internet muestra un periodismo más participativo y autogestionado por el ciudadano. Pero aunque la aparición de la Red revolucionó el concepto periodístico, siempre se necesitarán trabajadores que seleccionen, escriban e informen sobre los hechos. Es decir, el periodista siempre es necesario.
Imaginar un periodismo sin periódicos es difícil, pero no lo es imaginar periódicos sin el periodismo de calidad. Razones políticas y económicas parecen mutilar la calidad periodística (como ocurrió en el
Franquismo español). Pero si aprendemos del
periodismo anglosajón, y en especial el periodismo norteamericano; vinculados a la libertad de información frente a las presiones exteriores, ofreceremos una formación adecuada a los futuros informadores.
Bill Kovach y
Tom Rosenstiel expresaron en
The Elements of Journalism que la verdad es la primera obligación de esta materia. Si nos basamos en esta idea iremos por el buen camino.
El periodismo de calidad es caro, pero es indispensable para la democracia. Como dijo
Larra el objetivo del periodismo es "contribuir al bien de la patria" y que esto se consigue al no "defender más que la verdad y la razón".